Hola, compañeros! Por aquí un aprobado que aún lo está asimilando.
En mi caso concreto estudié Economía, comencé la oposición en septiembre de 2019, y he aprobado en segunda convocatoria. A los compañeros que están en el proceso poco puedo decirles sobre la dificultad, la frustración y las renuncias que conlleva; a todos ellos, mi ánimo y sincera admiración. A aquellos que se plantean comenzar la oposición, mucha paciencia, porque es un camino duro, pero todo lo sufrido comienza a disiparse el día en el que apareces como aprobado en las listas. Antes de desarrollar mi experiencia en cada examen quiero subrayar el esfuerzo y el desgaste mental que, para mí, ha supuesto este camino, por si alguien puede sentirse identificado. He sentido muchas veces que nunca lo iba a conseguir, que no estaba estudiando suficiente o que no tenía fuerzas para seguir, y para mí ha sido muy importante tener un grupo de compañeros honestos y generosos (seguramente, más positivos y optimistas que yo), un preparador exigente (que, al final, es para lo que le pagas) y un entorno familiar y personal que me ha apoyado y ha intentado comprenderme en cada momento.
Primero
Es el examen más sencillo y que, en general, se aprueba, pero también el más tedioso. Yo estudié con el temario del CEF y consolidé en primera convocatoria. La clave, aunque suene a perogrullada, es intentar llevar todo el temario. Me explico: hay partes de Derecho civil o mercantil que son básicas, y que es necesario llevar aprendidas como el padre nuestro (por ejemplo, la nacionalidad, los contratos principales, o la clasificación concursal de créditos y los créditos contra la masa) y otras partes que son más complejas y donde puedes jugarte rascar unos puntos si cayeran (como los contratos de franquicia o los marítimos y aéreos), de las cuáles yo intenté llevar una noción general y focalizarme en aquellas que se me hacían más amenas. Por otro lado, en la parte de economía, creo que basta con comprender los conceptos y memorizar las muchas enumeraciones, estas últimas muy frecuentes en las preguntas de años anteriores.
Contabilidad
Es uno de los grandes muros en la oposición, no sólo por la criba que suele hacerse sino porque, al contrario que el primero, nunca se tiene la sensación de controlar el temario. Yo suspendí la primera convocatoria por el típico error de dedicar poquísimo tiempo a la contabilidad. Al menos en mi experiencia cercana, es un error común y lógico por la exigencia de los orales, y es importante subsanarlo una vez se adquiere la seguridad y técnica mínima en los cantes, para dedicar al menos un día completo a la semana a contabilidad (incluyendo las horas de clase). En mi opinión, hay dos claves para el aprobado en contabilidad: primero, lanzarse a hacer ejercicios de examen (con cronómetro, mejor) lo antes posible para perder el miedo a quedarse bloqueado y, segundo, comprender las NRV y las resoluciones del ICAC, hacerse esquemas, asientos tipo y, en fin, aprender el lenguaje y reglas más básicas de la contabilidad. Esto es especialmente útil cuando, como este año, incluyen preguntas más teóricas o novedosas en las que no queda más que tirar de inventiva. Dicho esto, yo aún no sé cómo aprobé la conta, y si hubiera tenido que enfrentarme a ella un año más, quizá hubiera desistido.
Dictamen
Una vez has pasado la conta ya te sientes un poco más motivado, pero tienes que enfrentarte al enorme desafío del dictamen. Y digo enorme, sobre todo, por la amplitud del temario y la longitud del examen. En dictamen hay que combinar memoria, práctica y técnica. Personalmente, amplié los temarios del CEF y, en general, analicé y cribé las leyes y los reglamentos tributarios para seleccionar toda las materias de examen susceptibles, incluyendo algunas de las consultas y sentencias en la que más insistieron los preparadores (esto último, por supuesto, es más accesorio, pues la prioridad es controlar leyes y los reglamentos). También es importante focalizar el esfuerzo memorístico en aquellas partes más técnicas (por ejemplo, el artículo 7 de la LIRPF o el artículo 11 de la LIS), y realizar un estudio mucho más comprensivo en aquellas partes que exigen menos literalidad, y en las que sólo mencionar el artículo y exponer las ideas generales ya denota un conocimiento tácito, como puede ser el tema de las reducciones sobre los rendimientos netos o íntegros del IRPF, o los aspectos materiales y temporales del IVA, en las que la respuesta habrá de ser más sucinta y concreta. La materia es inabarcable y tampoco se tiene nunca la sensación de control, pero si haces algunos ejercicios y, sobre todo, repasas los exámenes de años anteriores, terminas por tener seguridad en bastantes partes y, en las demás, tienes la suficiente osadía para responder sabiendo, siempre, que penaliza más un error que una omisión.
Cuestión aparte es la duración y longitud del examen, este año con el regalito adicional de incluir un calendario con los días festivos. En este sentido, es importante renunciar a tener apartados brillantes, aun cuando con la sola lectura del enunciado supieras lo que se pregunta en todo el ejercicio, porque de la distribución del tiempo y el esfuerzo depende el alcanzar el mínimo necesario en cada bloque. De nada sirve dejar un bloque en blanco y tener un 10 en otro. También valorar el beneficio de algunos esfuerzos marginales durante el examen como, por ejemplo, el tiempo invertido en encontrar el calendario (cosa difícil con el número de folios del examen) y en determinar si un día es o no hábil, cuando lo único que vas a aportar a tu evaluación es que sabes identificar qué son los sábados, domingos y festivos.
Orales
Cuando has llegado hasta aquí ya sientes que puedes con todo y tienes momentos de euforia y seguridad junto con otros de desesperación, pues aún quedan unos 6 meses de proceso selectivo. Mis preparadores nos instaron a llegar a los 20 temas a la semana lo antes posible, y así hicimos unas 2 vueltas al cuarto y al quinto antes de empezar con el repaso de las 6 semanas previas al cuarto examen.
En el cuarto la planificación del tiempo suele ser más exacta y holgada, así que la sensación con cada vuelta es de evolución y mejora. Después del simulacro con mis preparadores intenté dar otra vuelta al temario en un par de días, pero entre el cansancio acumulado y la preparación del viaje a Madrid no lo conseguí, así que llegué con la sensación de que me había dejado algunos temas cuando, en realidad, los había repasado hacía 3 o 4 días. Es una sensación con la que hay que aprender a lidiar y que no desaparece hasta que sacas las bolas y haces el esquema. El Tribunal, en mi experiencia, suele ser correcto y amable, y siempre hay algún miembro menos frío de lo que pudiera parecer que hace que te sientas más seguro y tranquilo. Es importante no venirse abajo en ningún momento de la exposición, a pesar de lo que pueda pasar, y seguir cantando, aun con los errores e imprecisiones que se cometan. No sólo se evalúa el contenido del tema, también la forma y la capacidad de resistir la presión y aparentar seguridad. Yo me pasé de tiempo en mi primer tema y tuve que dejarme un par de epígrafes apenas sin desarrollar, pero seguí cantando aun con la sensación en ocasiones de que ya era inútil y saqué una nota mucho mejor de lo que me hubiera esperado.
En el quinto, el tiempo y la fatiga ya juegan en contra. Apenas puedes permitirte un descanso de 3 o 4 días después del cuarto examen, y además las semanas que transcurren hasta que te dan la nota son menos productivas de lo que uno querría, pero, aún así, hay que mantener un ritmo alto desde el primer día. Ya casi no hay días o ratos de descanso y sólo tienes ganas de terminar, para bien o para mal. La ventaja es que el quinto te lo has repasado en el dictamen a fondo, que la incertidumbre frente al oral ha desaparecido y que, además, esas ganas de terminar y de ver tan cerca el final a varios años de esfuerzo te permiten echar el resto. Yo no tuve demasiada suerte con los temas en el examen, pero gracias a la experiencia de tantos cantes con los preparadores y a la consigna de seguir cantando, me salvé.
No diré que sólo con esfuerzo se puede, porque el factor suerte y el cansancio acumulado creo que hacen mucho en una oposición. Un año más no es siempre una oportunidad mejor, porque la experiencia y la fatiga son fuerzas radicalmente opuestas y, de hecho, si yo hubiera suspendido en el cuarto o quinto, no sé si habría podido seguir. Pero si a alguien puede servirle mi experiencia, le animo a que lo intente y a que, mientras esté en el proceso, lo dé todo y se sienta orgulloso del trabajo hecho.
Por último, me gustaría felicitar a los compañeros que han aprobado este año. Estaría bien crear un grupo para informarnos sobre el resto del proceso e ir conociéndose. Nos vemos en Madrid.