Lo que cuentas no es raro, no es fracaso, no es “ser flojo”. Es ser opositor con cicatrices. Es tener un cuerpo que ya va por la décima ronda y una cabeza que se siente como si le hubieran pasado un camión por encima.
Primero: no eres incoherente. Eres humano. Hay un punto en la oposición donde lo emocional y lo mental se convierten en un campo de minas. Y no tienes ni que entenderlo todo ni estar centrado cada día. A veces estudiar es una heroicidad silenciosa.
Eso que dices de no fiarte ni de ti mismo… lo entiendo. Pero igual hay que cambiar el foco: no te fies de tus pensamientos cuando estás agotado. No son objetivos. Son como espejos de feria: distorsionan. Y tú, por lo que cuentas, tienes madera y recorrido de sobra para seguir en esta lucha.
Has llegado lejos. Has aprobado ejercicios. Has aprendido a dormir mejor (aunque no siempre). Has identificado lo que te bloquea. Y lo más importante: sigues aquí. Aunque sea a rastras, estás.
Así que no necesitas un “todo irá bien” —eso es lotería. Lo que necesitas es recordarte que ya has hecho lo más jodido: no rendirte en lo invisible.
Que ahora no te cunde como antes. Normal. El cuerpo también se protege del desgaste crónico. Es como si te dijera: “vale, seguimos, pero yo voy más lento”. Y no pasa nada. Esto no lo gana el más brillante, lo gana el que aguanta lo suficiente con la cabeza medio entera.
Y si todo lo que te impulsa es imaginarte el verano con plaza, pues bendito sea ese pensamiento. Agárrate a lo que sea que te dé impulso. Si hay que correr por un espejismo, al menos que sea uno que te arrastre hacia adelante.
Y sí: también he estado ahí. He sentido que todo el mundo lo llevaba mejor, que yo iba tarde, que no iba a poder con el siguiente examen… y luego el examen llegó, y pasé. No porque fuera fácil, sino porque, jodido y todo, seguí.
Así que termina el día, date tregua, y mañana dale aunque sea con una página, una hora, lo que puedas. Porque tú ya sabes cómo se hace esto. Y tú, si te das permiso para confiar en lo que YA has hecho, vas a llegar.
No te hace falta motivación. Te hace falta memoria emocional de todo lo que has sido capaz de resistir.
Y aquí estamos, en el barro, pero vivos.
Muchísimo ánimo. Lo tienes más cerca de lo que crees.